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El tiempo de una pandemia

Autor: Edit Mac Clay
Psicoanalista
Paris
14/11/2020
Fotografía: Ève Lemé («Capteur d’espace-temps»)

Escribo en el momento en que una nueva medida restrictiva entra en vigor, un re-confinamiento, después de haber vivido un confinamiento, un des-confinamiento, y un toque de queda. Los enumero para marcar el tiempo.

El discurso ambiental en que vivimos desde marzo es un discurso del miedo, miedo al virus, miedo a no tener “medios para salvar vidas”, miedo a “la vida del mañana”, miedo “a no poder reencontrar la vida de antes”, miedo del otro. El miedo se multiplica.

El discurso del miedo produce efectos, es performativo. En primer lugar, el miedo afecta a los lazos sociales con su corolario de desconfianza y de incriminación; el otro se ha convertido en un peligro potencial, “el hombre es el lobovirus para el hombre”.

El confinamiento afecta a la apropiación del espacio de cada uno y a la manera en que cada uno puede o no circular por el espacio público, bajo la égida de un eslogan: “permanezcan en sus casas”, o bien, “sean prudentes”. Si bien el espacio está regulado de esta manera, el tiempo, el tiempo de cada uno, también se ve afectado, pero para este no ha habido eslogan.

Sin embargo, el sufrimiento que provoca la limitación des espacio, está ligado al tiempo: “el tiempo está en suspenso”, “no logro proyectarme”, “estoy perdiendo el sentido de las cosas”. “me pregunto por qué estoy haciendo todo esto”, señalando que el tiempo mismo tiene un sentido, está orientado.

En este tiempo de pandemia se presentan también otras quejas que conciernen al sueño o a un “duermevela”: “no logro dormir”, “me siento en una bruma, como si hubiera tomado algo”, quejas que indican un tiempo sin corte, sin escansión, un tiempo indiferenciado, un tiempo eterno de espera que le confunde a uno.

Resultaría abusivo pensar que las limitaciones actuales tienen los mismos efectos para todo el mundo, ello depende de la estructura clínica de cada cual, puesta a prueba en estos momentos re-confinados. Pero podemos afirmar, sin demasiadas dudas, que este momento de verdad se ve precipitado por la sumisión obligatoria al tiempo de otro universalizado (a través del discurso del miedo) que decide, prescribe y reprende.

¡Cómo podríamos pensar los efectos sobre la estructura clínica de este tiempo impuesto, de “detención” ligado a la gestión de la pandemia, a la luz del tiempo lógico[1]?

En El tiempo lógico y la aserción de la certidumbre anticipada, Lacan se apoya en el tercer sofisma de los tres prisioneros para diferenciar tres tiempos ligados al deseo de ser libre: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Este último es el tiempo de la precipitación, que es una aserción subjetiva que anticipa una certidumbre que conduce al acto liberador.

Lacan dice que el momento de la precipitación, paso conclusivo, reabsorbe los otros dos tiempos.

Estos tres tiempos no constituyen una serie cronológica sino una serie lógica, deducida après-coup a partir del acto precipitado.

A lo largo de su Seminario, Lacan habla de la precipitación no solo como un momento, sino también como una función. Pero ¿función de qué?

Tres funciones de la precipitación hacen eco a los fenómenos encontrados en la práctica de este tiempo de pandemia: revelar una verdad, luchar contra la angustia y la confusión, y producir efecto de corte.

Para la primera función, si la precipitación produce una verdad, la del sujeto en el acto, es porque el acto reúne en sí mismo un deseo, un anhelo, y engendra un movimiento. El propio acto anuda deseo y objeto a, y de ello el sujeto no sale como antes ya que gana un saber.

El sujeto tiene en la mano la articulación misma por donde la verdad que desprende no es separable de la propia acción que da testimonio de ello[2]

Por ello hay un lazo explícito entre acto y verdad. La verdad no es una verdad esencial que estuviera previamente ahí, disponible para ser descubierta, es una verdad que resulta del acto.

La precipitación es vital, da cuenta de la pulsión y del deseo, nos liga a los otros, nos modifica.

“La precipitación es lo que deja escapar la verdad, nos permite vivir… La verdad es la falta, es la pérdida, y la pérdida es causa de otra cosa[3]”.

¿Qué ocurre entonces cuando los proyectos de unos y otros se ven impedidos por falta de libertad? Si los proyectos que realizamos están ligados al deseo y ponen en juego a la pulsión, ¿qué retorno podemos esperar de tal impedimento?

En lo referente a la segunda función, si la angustia se produce cuando la investidura del objeto a se traslada sobre S[4], la precipitación es su remedio ya que permite al sujeto encontrar una salida al encierro en las trampas mentales. Esta salida, encontrada por medio de un acto o de una palabra, viene a añadirse a otros efectos significantes y permite al sujeto reinvestirse sobre los objetos a.

Erik Porge en su seminario “La mosca detrás de la oreja” del 3 de noviembre de 2020, decía que había urgencia en empezar su seminario, para salir del estado hipnótico ambiental en que el discurso del miedo nos tenía maniatados, se trataba, por tanto, de la función de la precipitación.

La precipitación es una posibilidad de escapar de las trampas mentales[5], ya que deshace los errores inducidos por la duda, de esta manera es como el sujeto escribe su historia, por medio de la serie de actos que ha sabido hacer. Quedarse atrapado en la duda no puede producir más que angustia. La tercera función concierne a la escansión que introduce a la discontinuidad “(…) en la cadena significante la escansión introduce a la precipitación lógica[6]y empuja al acto que posiciona al mismo sujeto de manera diferente. ¿Qué ha sido de un tiempo vivido sin corte, que puede traducirse en la palabra como un mascullar quejumbroso? Podemos esperar efectos borrosos de interferencias y de confusión, con pérdida de sentido y adormecimiento del deseo.

Entonces, ¿cómo salir de esta sopa?

Podemos esperar que algo de psicoanalista aparezca en este tiempo de pandemia, y que pueda sostener su lugar de SSS, despierto y alerta a lo que se esté produciendo para cada analizante, operando los cortes oportunos a fin de permitir que el sujeto (analizante y analista) esté a tiempo de su deseo[7].

 

[1]
Jacques Lacan, Le temps logique et l’assertion de la certitude anticipée (El tiempo lógico y la aserción de la certidumbre anticipada), 1945, fuente http//ecole-lacanienne.net/wp-content/uploads/2016/04/1945-03-00.pdf

[2]
Jacques Lacan, Le moi dans la théorie de Freud et dans la technique de la psychanalyse (El yo en la teoría de Freud y en la técnica del psicoanálisis), Seuil, pág. 396.

[3]
Jacques Lacan, L’acte analytique (El acto analítico), sesión del 10//168, versión ALI, Paris, pág. 86.

[4]
Jacques Lacan, Le transfert (La Transferencia), Seuil, Paris, pág. 424.

[5]
Jacques Lacan, D’un Autre à l’autre, (De un Otro al otro), sesión del 5-3-69, Seuil, Paris, pág.209.

[6]
Jacques Lacan, L’indentification (La identificación), sesión del 16-5-62, versión ALI, pág. 307.

[7]
Bernard Nominé, Le présent du présent. Essai psychanaytique sur le temps (El presente del presente. Ensayo psicoanalítico sobre el tiempo), Editions nouvelles du Champ lacanien, Paris 2020, pág. 109.

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