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Sexo y tecnología Los nuevos goces sexuales

Manuel Prado Acosta ( Psicoanalista )

Sexo y tecnología  Los nuevos goces sexuales  *[1]

              Un artículo aparecido en El País hace poco, adelanta las nuevas formas de goce sexual que las tecnologías  ofertarán al consumidor, que no al sujeto, ya que éste desaparece  como tal al quedar preso de esta oferta  tecnológica: el sextech: tecnología y sexo.

Comento algunas ideas expuestas en el texto por las implicaciones que se pueden derivar para el sujeto, su posición sexual y el goce del cuerpo.

 Decía el artículo: “En 2045 uno de cada cinco jóvenes tendrá sexo con un robot de forma habitual, dicen los estudios. Científicos como el Dr. Ian Pearson van incluso más allá y aseguran que, para entonces, serán más frecuentes las relaciones sexuales entre humano y androide (o ginoide, cuando tengan aspecto de mujer) que entre personas. El sexo del mañana será cada vez más tecnológico, pero no solo porque se popularizarán los muñecos con forma humanoide, dotados de Inteligencia Artificial y sofisticados sistemas operativos. Contaremos, además, con la posibilidad de acariciar a nuestra pareja aunque se encuentre a cientos de kilómetros de distancia, imprimir en 3D una réplica exacta de los genitales de otro ser humano para después coordinar sus movimientos con una app móvil o utilizar tecnología que nos haga sentir en nuestro propio cuerpo el orgasmo de varias personas simultáneamente”.

 Expresiones como sexo tecnológico, caricias virtuales a distancia, réplicas exactas de genitales, sentir orgasmos simultáneos de diversas personas….me hacen pensar en invitaciones a un goce delirante. Estas afirmaciones y pronóstico conllevan consecuencias éticas, psicológicas y quizá legales que conviene tener en cuenta.

 En primer lugar hablemos del cuerpo y del sujeto que lo habita.

 ¿Cuando se habla de encuentros entre  personas y máquinas qué lugar hay para el sujeto y qué cuerpo interviene en ellos ¿Se trata del cuerpo anatómico y  biológico propio de la ciencia o del cuerpo imaginario que habita y soporta al  sujeto marcado por el lenguaje?

 Tanto el sujeto como su cuerpo son efectos del lenguaje; el sujeto tiene un cuerpo, no es el cuerpo que trata la ciencia, y además es un cuerpo imaginario. Tiene cuerpo porque habla, cuerpo otorgado por el lenguaje, en el registro de lo simbólico, que además debe estar necesariamente anudado a los otros dos registros, real e imaginario. Si no se da ese anudamiento encontramos un cuerpo despedazado como sucede en la psicosis.

 Lo que fascina del cuerpo propio es la imagen, y la fascinación del cuerpo del otro tiene que ver con la fantasía con la que investimos los cuerpos, ya sea por amor o por deseo, por lo que muestran y por lo que ocultan, por lo que dan y por lo que niegan. El cuerpo, pues, es un escenario, un espacio de proyección de la vida psíquica, un lugar donde se juegan todas las partidas de la vida. El cuerpo nos habla en términos significantes y podríamos decir que es la libido quien le pone palabras.

 Por otra parte, el discurso consumista y la ciencia tienden a anular al sujeto y sobrevalorar el objeto, como hacen las tecno- ciencias y la cirugía; todas ayudan a poner de manifiesto los nuevos modos de hacer un cuerpo y ofrecer nuevos modos de goce. El cuerpo sin palabras que trata la tecno- ciencia no  solo es un  cuerpo segregado, es también el cuerpo recompuesto, con pedazos producidos e insertados por la ciencia, p.ej. el cyborg. La tecno- ciencia está al servicio de evitar el horror a la angustia de castración, a la presencia de la falta que, por estructura, padecemos como sujetos. Nacemos faltándonos algo.

 El sextec  ofrece un cuerpo fragmentado donde se privilegia el órgano frente al cuerpo propio unificado. El humanoide no padecerá eyaculación precoz, frigidez, impotencia ni dolores de cabeza.

 Los sentimientos de pudor, vergüenza, curiosidad, exploración, descubrimiento, sorpresa y las nuevas sensaciones que se presenta en cada encuentro amoroso. ¿Dónde quedan?

 Existe una relación entre el avance de esta tecnología y el peligro de perder la conexión  entre sujetos.

 Sigue el artículo. “Recordemos la película Her;  Theodor y Samantha, el robot, muestran la relación amorosa entre una persona y un sistema operativo. Se mueven dentro de un discurso sensual, erótico e íntimo. Nos hacen olvidar que Samantha no tiene sentimientos, sólo los dice.”

 “Retrata de forma elocuente el más que probable escenario de futuras relaciones entre personas y tecnología.”

 Yo diría más bien entre consumidor y objeto.

 “Aunque parece solamente ciencia ficción, ya existen en el mercado recreaciones que van por ese camino. Hemos asistido al nacimiento de robots concebidos para prácticas sexuales, como Harmony, la primera máquina erótica con Inteligencia Artificial, presentada en 2018 por la empresa Real Doll. Se trata de una muñeca a tamaño real capaz de hablar, de memorizar las preferencias de su compañero o compañera y de realizar prácticas sexuales como tríos o azotes con látigos, si es eso lo que nos gusta. La misma empresa ha lanzado hace poco Henry, su versión en androide. Otros ejemplos son Emma, de la empresa china AI-AI o la completa muñeca Samantha, nacida de una mente española: la del experto en nanotecnología Sergi Santos, que confesó haber creado este invento porque su mujer no satisfacía sus deseos sexuales. Samantha tiene además la particularidad de interrumpir sus funciones si la otra parte se comporta de forma abusiva con ella. “

 Si la mujer me cuestiona mi deseo, preferencias y posición sexuales, me fabrico un objeto que se someta a mi capricho y necesidad. En el caso de la mujer el superventas que recientemente ha aparecido: el succionador de clítoris.

 El científico Ian Pearson, distingue tres importantes tecnologías que impactarán en el sector: IA, robótica y tecnología ‘active skin’. En el caso de los robots o androides, “podrán usar esta tecnología para estimular directamente el sistema nervioso, ajustar sus actividades a las técnicas o fantasías que la persona disfrute más, con información basada en una reacción muy exacta a tiempo real, que será mucho más efectiva que la intuición que ahora utilizamos las personas para intentar percibir qué le gusta a nuestra pareja durante las relaciones sexuales”, añade.”

Olvida el placer de la exploración y la sorpresa, la conquista, las demandas recíprocas, la erótica de la palabra entre sujetos.

 “Uno de los campos en los que se vivirá un mayor progreso es en el del sexo remoto. Esto se hará porque los dispositivos no solo transmitirán imágenes y sonidos como ahora, sino también reproducirán en el cerebro la ilusión de compartir aromas y caricias, variaciones de temperatura o diferentes niveles de fuerza, contando con la contribución de disciplinas como la neurociencia. Será posible tener sexo completamente a la carta: elegir el lugar en el que queremos que el encuentro tenga lugar, los rasgos físicos, voz, ropa, incluso la personalidad o posturas sexuales que queremos que lleven a cabo nuestros compañeros. Se predice que los hologramas mejorarán de forma impactante en los próximos años. En otras palabras, la línea entre el sexo real y virtual está condenada a desaparecer.”

 Inteligencia Artificial para un placer a medida

 “El sexo del futuro estará altamente gamificado y esto nos sitúa ante el peligro de estar creando cada vez más estándares en torno a cómo debe ser la satisfacción íntima y a plantearnos hasta qué punto la tecnología podría deshumanizar la sexualidad, asegura a ICON Laura Morán.”

 “Al fin y al cabo, esgrimen los defensores, este tipo de encuentros evitan enfermedades como ETS, embarazos no deseados, aumentan la seguridad personal y permiten relaciones sin necesidad de contacto físico (ideal para tiempos de pandemia). También están llamados a usarse con fines terapéuticos y son una gran solución para personas aisladas por diferentes motivos o que deciden no tener pareja.”

Invitación a la masturbación y destierro del otro.

 “Pero este cambio en la forma de tener relaciones también trae consigo nuevos debates éticos, morales y legales, que nos llevan a preguntarnos dónde están los límites de la intimidad y privacidad de las personas, cómo contener peligros como un posible aumento de la adicción al sexo o la disminución de la conexión emocional con otras personas. Ya lo alertó Zoltan Istvan, transhumanista que fue candidato a suceder a Trump en la Casa Blanca: “Si los científicos son capaces de reproducir en el cerebro orgasmos y caricias en puntos erógenos, usando solamente cascos o chips, podríamos estar ante el principio del fin del sexo tal y como lo conocemos hoy”.

[1] Entrecomillado el texto del artículo aparecido en El País

El País. Febrero de 2021

 

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